Atlético por la Gracia de Dios.

Quiero dedicar este blog a mi hermana pequeña Pilar, que está en el Tercer Anfiteatro del Calderón compartiendo grada con muchos de los nuestros. Va por ella. Va por ellos.

Atlético por siempre

lunes, 28 de enero de 2019

Adiós, Don Fernando.





Voy a retomar este casiblog, que tan abandonado tengo, para honrar a una Leyenda Atlética que acaba de fallecer. Y no voy a homenajear a un futbolista, voy a homenajear a un Aficionado (o al menos voy a intentarlo): don Fernando Martínez.

Pasados los siempre recordados años de juventud, en los que hacíamos héroes a nuestros peloteros (o al grupo que nos gustaba, o a aquella chica tan mona, o ...), llega un punto en la vida en que convertimos a los Amigos en nuestros Héroes, espejo de lo que somos y de lo que queremos ser. Hace unos años llegó a nuestra sede un Señor mayor con el ánimo de desplazarse al Metropolitano con nuestra Peña (la Peña Atlética Rock and Roll). Con cerca de 90 años, supusimos que una y no más, porque ni de lejos éramos los más cercanos a su domicilio. Pero hete aquí, que al siguiente partido repitió. Y al siguiente. Y, así, sucesivamente hasta la pasada vuelta de Copa contra el Girona. En cerca de 40 partidos en el Metropolitano, apenas ha faltado a un par de ellos. Ya hiciera frío o calor, allí estaba siempre con su perenne sonrisa, Ducados en la boca.

Su conversación siempre mostró a un Atlético de pro, Hombre de bien (de los que se visten por los pies), castizo, guasón, con una aureola de humilde ¿guerrero?, orgulloso de su vida, de su Señora, de sus Hijos y, por supuesto, de su Atlético de Madrid, de su Atleti.

Uno de los momentos más entrañables, y dejó unos cuantos, fue el famoso viaje del año pasado, a la final de Lyon. Ni corto ni perezoso, comentó que le apuntáramos, que Él iba fijo. A sus cerca de 90 años. Con dos cojones, con perdón, el Tío estaba dispuesto a pasarse casi 40 horas en un autobús, con sus Amigos, para ver al Atlético de Madrid. Sus Hijos, no sé cómo, lograron convencerle para que viajara en avión, pero no debió resultarles fácil. Porque echao p’alante era un rato.

¿Qué coño vería en una humilde Peña del Sur de Madrid para honrarnos con su presencia? Nunca llegué a entenderlo del todo bien, pero se convirtió en fiel del autobús y de los actos que llevamos a cabo durante este tiempo, que ahora se antoja inmensamente corto. Fue tanto el espacio que llenó, que el vacío que deja es irremplazable. Es lo que pasa con nuestros Héroes.

Con un Señor mayor, socio número 10 del Atlético de Madrid en este caso, sólo nos queda escuchar e intentar aprender. No pude llegar a conocerle como me hubiera gustado, pero cada partido fue una lección de vida y de aprendizaje. Y con eso nos quedaremos.

Para terminar, si me lo permiten, un consejo: no lean esto con pena, léanlo con (sana) envidia. Ojalá Dios/el Destino nos permita vivir tanto tiempo, tan apasionadamente, rodeados de Familia, Amigos y Atleti. Será que algo habremos hecho bien.

GRACIAS, DON FERNANDO.