Atlético por la Gracia de Dios.

Quiero dedicar este blog a mi hermana pequeña Pilar, que está en el Tercer Anfiteatro del Calderón compartiendo grada con muchos de los nuestros. Va por ella. Va por ellos.

Atlético por siempre

jueves, 10 de octubre de 2013

A Expedição


 


En alguna crónica anterior les di la tabarra con el asunto, muy recomendable, de los viajes en cuadrilla. Esta vez voy a intentar aburrirles con las aventuras y desventuras de cierto Grupo de Amigos en España y Portugal. Lo primero será poner nombre a este conjunto de elementos: vamos a llamarlo A Expedição. Sus componentes serán os expedicionários.

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Lo bueno que tienen los viajes no-previstos es que suelen salir mucho mejor que los organizados con varias semanas o meses de antelación. Éste, en concreto, no se terminó de preparar hasta el mismo lunes a mediodía. Finalmente A Expedição estaría compuesta inicialmente por Yosé, Fernandão, Inácio y Paulo. En Portugal completarían la formación tres miembros más.

Yosé había marchado unos días antes al pueblo fronterizo de Vilarino dos Aires para preparar el campamento base del que partirían los aventureros. Nada más terminar la jornada de laburo, salieron Fernandão y Paulo hacia Vilanova do Palerma donde debían recoger a Inácio. Éste, con buen criterio, desechó cualquier tipo de provisión alimenticia.

Al poco de recoger a Inácio empezó a llover y ya no pararía hasta bien entrado el día siguiente. Por si fuera poco se añadieron varios momentos de densa niebla, por lo que el viaje se hizo bastante pesado. Pasada la medianoche llegó A Expedição a Vilarino dos Aires donde Yosé esperaba con supina paciencia. El encamamiento de los viajeros fue inmediato ya que al día siguiente había que madrugar y, para qué voy a engañarles, estaba todo cerrado para cenar y/o tomar algo.

Después de un café rápido acompañado de tres galletas salvadoras (con las que nos obsequió el paisano del bar al percibir nuestro estado de desnutrición, aun a riesgo de perder tres falanges durante dicho favor), Yosé se puso a los mandos de su furgoneta rumbo a Pocinho, localidad a orillas del Douro desde donde partiría el tren que nos llevara a Porto. Fue muy curioso el debate mantenido sobre qué hora era en España y qué hora en Portugal: ¿habría que adelantar o atrasar los relojes? Les comento que el asunto duró todo el viaje, ocasionando momentos delirantes como tendrán ocasión de comprobar más adelante.

Parte del camino discurrió por la increíble zona de los Arribes, visitándose el Salto de Villarino (o Presa de la Almendra, como prefieran). Fue entonces cuando A Expedição se vio en la imperiosa necesidad de llenar la nevera que, con buen criterio, había desplazado. Lo que más costó fue encontrar hielo, pero finalmente una amable posadera de Pocinho nos consiguió una bolsa. Después de una agría polémica (lata o botella, quinto o tercio, con jamón o barbacoa, …), se cogió el tren que nos depositaría en Porto tres horas y media después. El viaje fue una auténtica maravilla, a pesar de la lluvia, con Yosé muy cómodo y acertado en su papel de cicerone, dando auténticas clases magistrales de paisaje, flora y fauna, viñedos y bodegas.

En Porto nos aguardaba o expedicionário Xavier Metal, que nos ayudó a encontrar alojamiento en el barrio residencial de Campanha. A Expedição se alojó en el reconocido Palacio Poveira (Rua Estação 56), famoso por su escalinata sacada de Sissí Emperatriz. Hubo un pequeño tira y afloja en la disposición de las habitaciones, pero finalmente Fernandão se agenció la suite individual, alegando no sé qué problemas respiratorios, mientras el resto hubimos de hacinarnos en la fastuosa suite triple.

Quedaban varias horas para el partido y comenzó la ruta turística por Oporto; es decir, se bajó al bar a tomar unas Super Bock bien fresquitas mientras se esperaba a Catinha y Os Nervos, con lo que se terminaba de conformar A Expedição. Lo que iba a ser una cerveza se convirtieron en unas cuantas (lo típico, vamos) hasta que alguien sugirió que el horario portugués era más British que Patrio y con el ritmo mantenido probablemente no llegaríamos ni a cenar. Con las mismas marchamos a la ciudad vecina (tan solo hay que cruzar el Douro) de Vila Nova de Gaia donde nos esperaba con los brazos abiertos ese templo de la Gastronomía lusa llamado “O Bacalhoeiro” (Av. Diogo Leite, 74). En un alarde de originalidad la expedición (casi) al completo comió polvo (pulpo, marranos) y bacalhau à brás, todo bien regado con un Vila Régia que sorprendió a todos (y más por el precio). El café, como siempre, delicioso.

Hago un pequeño inciso para decir que el bacalhau à bras es uno de los platos favoritos del tipo que les hace perder el tiempo con este rollazo de casiblog. Lo ha comido en numerosos sitios y momentos, pero era la primera vez que lo hacía antes de un partido de fútbol. Error garrafal: la sed pasada durante el encuentro fue bestial.

Y si hablamos de sed, ¡qué mejor manera de paliarla con unas copas en la ribera portuense del Douro! De tiempo, en teoría, no íbamos muy mal. Terminamos de comer a las 18:45 y tras hacer las cábalas oportunas llegamos a la conclusión, en teoría, de que quedaba hora y media de copeteo. El no ver a aficionados atléticos nos hizo intuir que algo no funcionaba. ¿Dónde eran las 18:45? ¿En España o en Portugal? ¿A qué hora empezaba el partido? Aquí todo el mundo tenía claro que, en teoría, a las 20:45. Efectivamente, 20:45 ¡pero en España! Tras concienzudos análisis de los miembros más leídos de A Expedição se comprobó con auténtico pavor que quedaba menos de una hora para el encuentro y que íbamos tarde (y ya no “en teoría”). Con las mismas se cogió un taxi, el taxista llamó a su cuñado, ¡pedazo de Mercedes-pirata que manejaba!, y entre ambos nos llevaron a los siete al precioso Estádio do Dragão.

En el mismo aguardaba su entrada, retenida por la policía portuguesa, la Afición Atlética, compuesta mayoritariamente en esta ocasión por sufridos y abnegados peñistas. El racial peñista suele entregarse bastante en todas las ocasiones, alientan como si fuera el último partido (saber o no la canción es secundario), pero generalmente tienen un pequeño problema: son muy mirados con esos números que vienen en la entrada del partido y que muchos no nos preocupamos en mirar.

-“Perdone, pero está usted en mi localidad”.

-“¡Hombre de Dios, si tiene 15.000 asientos vacíos al lado!”.

-“Ya, pero es que es mi sitio, aquí lo pone”.

-“Bueno, bueno, siéntese usted”.

Para evitar situaciones incómodas, y el mal genio que se gasta Inácio en ocasiones similares, os expedicionários se ubicaron a ras de césped. Y con el bacalhau casi sin digerir y la consecuente sed galopante dio comienzo el partido.
 
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Con lo que pasó en el terreno de juego no voy a darles la matraca. Imagino que habrán visto el partido o leído crónicas de auténticos maestros de la pluma rojiblanca. Voy a hablarles únicamente de “sensaciones”.

He de reconocerles que a servidor le terminó cayendo muy bien el maestro de sensaciones que fue Quique Sánchez Flores y tenía muchas ganas de expresar las propias después de un partido. Allá van:

-Sensación número uno: el Porto FC nos pasó por encima en la primera media hora. Los portugueses salieron disfrazados … ¡de Atlético!

-Sensación número dos: el Atlético, a pesar de ser ampliamente dominado, demostró ser un conjunto sólido atrás y apenas concedió dos ocasiones en todo el partido (el gol y un lanzamiento de falta en la segunda parte).

-Sensación número tres: el punto de inflexión del partido viene cuando empieza a equilibrarse y el rival recibe el primer susto (cabezazo del gran Raúl García al larguero). En adelante será rojiblanca la sensação de tenerlo todo bajo control.

-Sensación número cuatro: la estrategia esa de la que todo el mundo habla se muestra fundamental en el fútbol actual. Los dos tantos de la remontada llegaron así (como también lo hizo el suyo).

-Sensación número cinco: ¡Con lo a gusto que se estaba “de incógnito”! Confiando en la superioridad demostrada años pasados, el entrenador del Porto FC no estudió lo suficiente al Atlético y pasó lo que pasó. Creo que hasta aquí ha llegado “el tapado”. El excelente secretario técnico y horripilante entrenador francés Arsène Wenger ya ha abierto la bocaza y nos pone en el carro de favoritos para ganar la Champions.

-Sensación número seis: este año hay Equipo para dar la cara en Liga y Champions (no sé cómo nos tomaremos la Copa). No se asusten, pero creo que dependemos mucho del acierto o no en el fichaje de Guilavogui. Si el tío sale bien, estaremos más arriba de lo que incluso nosotros nos imaginamos. Si sale fiasco ….

-Sensación número siete: as sensações são boas.

Y con 1-2 nos marchamos.

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Pero no nos marchamos a casa, evidentemente. Dueños ya de la Rua Estação, A Expedição se reorganizó en su cuartel general y continuó el desfile interminable de Super-Bock (tanto en fino como en garrafa) y bocadillos.

En ese momento sucedió algo realmente alarmante: se disparó la alarma (ruego me disculpen, lo creí gracioso) del negocio más próximo. En un primer momento no se le dio mayor importancia. Una hora después seguía sonando la alarmita y la preocupación empezó a ser máxima: la suite triple daba a la calle. Dos horas más tarde, intentando conciliar un sueño reparador, la dichosa alarma seguía sonando. Tres horas pasaron y seguíamos sin poder dormir por la alarma de los cojones. Vencidos por el cansancio, no sabemos a qué hora paró la puta alarma.

El miércoles se destinó a hacer turismo por la ciudad; es decir, más cerveja. No obstante, también se estiraron un poco las piernas y se pudo comprobar con una paisana que el ducharse por las mañanas es más aconsejable que el vestirse con esmero. Llegaron entonces las despedidas y Xavi Metal salió hacia el aeropuerto local. Poco después Inácio abandonaba A Expedição, volviendo a Madrid en el vehículo de Os Nervos y Catinha. Sus excamaradas le llamamos desde entonces “O segurador das velinhas”.

A media tarde se cogió el tren para desandar lo recorrido el día anterior. Más cansados que atentos al encantador recorrido los restos de A Expedição llegaron a Pocinho. El camino desde esta localidad hasta Vilarino dos Aires se convirtió en un pequeño infierno en el que no faltó un calentón (del coche, marranos) en la zona de los Arribes que hizo temer una noche a la intemperie. Afortunadamente paró un coche (la media de vehículos por esa carretera es de tres al día) que nos dejó agua para poder continuar hasta Vilarino, a donde llegamos tras dar un rodeo de unos noventa kilómetros para evitar carreteras empinadas que pudieran ocasionar otro calentón. Ya en los dominios de Yosé cambiamos al vehículo de Fernandão para poner rumbo a Madrid.

Pasada la medianoche, a Dios Gracias, os valentes expedicionários fueron licenciados.

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Y esto fue lo que pasó. Más o menos.

 

 

Madrid, día noveno del décimo mes del año de Nuestro Señor Jesucristo de 2013.