
No sé cuántas decenas de miles de atléticos se presentaron en Barcelona. Unas fuentes hablan de 50.000 personas; otras cuentan que fueron 60.000. El caso es que casi tres centenares de autobuses, dos vuelos chárter, siete trenes especiales y miles (y miles, y miles, y miles, …) de vehículos particulares (coches, furgonetas, motocicletas, autocaravanas, bicicletas, …) trasladaron a la marabunta colchonera desde todos los puntos de España hasta la Ciudad Condal.
No puede decirse, ni mucho menos, que fuimos todos los que somos; pero sí que todos estuvimos lo éramos. Y mucho. El ambiente, el colorido, la alegría, el griterío, la algarabía, el corazón que puso la ingente masa rojiblanca hizo quedarse a toda la ciudad asombrada, maravillada y, por qué no decirlo, entusiasmada. El que perpetra estas torpes líneas tuvo la agradable sensación de que los barceloneses nos daban su apoyo. Con los que uno tuvo la suerte de hablar, reconocían que nos lo daban por majos. Barcelona (por un día) supo sentirse colchonera. Y le gustó.
Fue un enorme placer encontrar tantos y tantos amigos. Unos conocidos, otros no. Los conocidos, ya amigos. Los no conocidos, amigos ya. Gente, insisto, de todos los puntos del País: gallegos, asturianos (¡esos tipos de Gijón!), cántabros (¡olé, los mis paisanucos!), navarros, catalanes (un abrazo muy especial a los de Tarragona), aragoneses (¡qué gente los de Terrer y los de Monegrillo!), riojanos (prometo ir a la Senda de la capital en cuanto pueda), castellano-leoneses (gente de ley los salmantinos y los vallisoletanos), extremeños (grande el personal de Mérida y enormes los de Navalmoral de la Mata, ¡siempre presentes!), castellano-manchegos (destaco a los de Guadalajara, los de Cuenca y a la Peña de Polán), valencianos (magníficos los nuestros de la Levante y los amigos de Alicante), baleares, murcianos, andaluces (saludos a los atléticos desplazados desde Sevilla, mucho ánimo a los béticos que nos acompañaron y abrazos a los incansables de Algeciras) y canarios. No vi a gente del País Vasco, ni a gente de Ceuta o de Melilla; y seguramente también la hubo. Mi reconocimiento a toda esta Gente, a la Gente de “Fuera”. Ellos y nuestros Jóvenes eran los que más se merecían este Día: el Día de la Final de Copa.
No sería justo olvidarse de toda la gente desplazada desde el extranjero. Seguramente en menor número que en Alemania la semana anterior, los “guiris” también estuvieron presentes. Coincidí con varios alemanes y algún escocés. Se tuvieron noticias de belgas e ingleses. Una mención muy especial a todos los desplazados desde la lejana Polonia: la gente del Ruch Chorzow. Atraviesan Europa estos leones para estar en las grandes ocasiones con nosotros. Estuvieron en Liverpool, en Hamburgo y, ¡cómo no!, también en Barcelona. Muchas gracias, amigos.
Madrid estuvo excelentemente representado. No quedó ciudad/pueblo de la Comunidad (Coslada, San Fernando, Torrejón de Ardoz, Alcalá de Henares, Fuenlabrada, Leganés, Móstoles, Alcorcón, Villalba, Tres Cantos, Colmenar Viejo, Arganda, Rivas, Loeches, Humanes de Madrid, Patones de Abajo, Las Rozas, Boadilla del Monte, …) ni distrito/barrio del Foro (Legazpi (el burro delante) y Arganzuela, Carabanchel, Aluche, Puente de Vallecas, Villa de Vallecas, Santa Eugenia, Cuatro Vientos, Los Puertos, La Latina, Tetuán, Chamartín, Prosperidad, Parque de las Avenidas, Ventas, Pueblo Nuevo, San Blas, La Elipa (nos flipa), Barrio de Salamanca, Barrio del Pilar, Barrio de Bilbao, Villaverde (Alto y Bajo), San Fermín y qué se yo cuántos más) sin adecuada representación.
Fue algo increíble. No recuerdo nada igual. Si acaso, aquellas finales de Copa en que todo Vizcaya bajaba a Madrid. O aquella final contra el R.C.D. Mallorca cuando 80.000 atléticos alentaron al Equipo, llevándole a la conquista de la Copa después de varios años sin títulos.
Ver desfilar a toda esta Gente hacía el Camp Nou desde la Plaza de España ha sido una de las cosas más grandes que este modesto servidor de ustedes ha visto en toda su vida como atlético. La Gente pasaba y pasaba. Hacíamos escalas en bares y seguían pasando. Nueva parada de aprovisionamiento y continuaban pasando. Penúltima parada para el avituallamiento definitivo y seguían pasando. Y pasaban. Y pasaban. Y, con la hora pegada, no fuimos los últimos en pasar.
¿Durante cuánto tiempo estuvieron desfilando las huestes colchoneras? Por momentos y por bonito se hizo eterno. EMOCIONANTE.
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Hoy tampoco comentaré nada del partido. De sobra conocen ustedes el desarrollo del mismo. En el césped la pelota fue de los nuestros, pero la definición la pusieron los sevillanos. El Atlético dio todo lo que tenía en el campo, pero no fue suficiente. Puede decirse que se llegó sin gasolina, sin una gota, a esta Final. Y no pudo ser.
En líneas generales, con el partido finalizado, podía decirse que no salíamos mal parados del todo en esta difícil temporada con la Europa League en la talega. Pero uno, muy sensible por esta época (cosas del polen), no podía dejar de sentir el no haber ganado el partido y poder festejar con todos los atléticos en Barcelona.
Eso es lo que diría la teoría.
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Porque, como siempre, la realidad dijo otra cosa.
Cuando parecía que la temporada había terminado la Afición dijo que no, que ni de coña había terminado. Era necesaria una última muestra de agradecimiento, la más grande muestra de agradecimiento, a jugadores (que nos han emocionado en Europa League y en Copa y nos han encabronado en Liga) y, por qué no decirlo, a los propios Aficionados.
Como todo lo que cuaja en este Bendito Club fue algo espontáneo, algo salido del Corazón. Nadie daba/dábamos crédito. Fue una auténtica locura. Una bendita locura. Una maravillosa locura.
De dónde sacó fuerzas la Afición es algo que quedará para futuros programas de misterios sin resolver. La Afición llegó una semana antes extenuada de luchar y ganar en Hamburgo. Las celebraciones posteriores (en un montón de rincones de España, es justo señalarlo) la dejaron medio muerta. Con el viaje a Barcelona, el pre-partido, los 90 minutos de aliento incansable y la dolorosa derrota, la Afición debería haber quedado para poco más. Pero no. En una muestra de Grandeza, de Orgullo, de Lealtad, la Afición decidió que, aunque perdedores en el partido, Ella era la verdadera campeona en la noche barcelonesa. Que Ella era la que cantaría con el Corazón.
Porque Ella fue la que hizo CAMPEÓN a un equipo arruinado a inicios de año. Ella, y sólo Ella, remontó contra el Huelva dando a la vuelta de unos octavos de Copa un ambiente de semifinales europeas. Ella viajó a Vigo y bebió en Madrid por las semifinales. Ella vino de Santander con una Final en la mano, después de jugar contra el Racing de Corocota.
Porque Ella estuvo en Lisboa animando hasta el final y dando aliento a unos jugadores rotos. Ella hizo de Mestalla un nuevo Calderón, donde su equipo jugó y se sintió como en casa. Ella hizo sentirse a los valencianos en un auténtico infierno. Ella calló a los seguidores del Liverpool en el Estadio Vicente Calderón. Ella calló a los seguidores del Liverpool en Anfield durante el tiempo reglamentario. Cuando el LFC marcó en la prórroga el gol que durante unos minutos les clasificaba, Ella siguió cantando como si nada hubiera pasado y consiguió marcar el gol decisivo a pase de Forlán (si leen la “Crónica de un gol que pareció ser de Forlán” del Maestro Carlos Fuentes en El Rojo y el Blanco sabrán de qué les estoy hablando. Quizá alguien pueda alcanzar a imaginarlo, quizá; lo que está claro es que sólo don Carlos sabe plasmarlo).
Fue entonces cuando Ella se formó en inacabable fila porque debía sacar entradas para Hamburgo. Poco más tarde, Ella se puso en nueva cola para sacar otros billetes, esta vez para Barcelona. Y Ella viajó a Hamburgo y festejó ¡¡¡llorando de emoción!!! Y a la semana siguiente Ella fue a Barcelona y cantó con el Alma. Y su Equipo perdió, pero Ella dijo que no; Ella dijo que la victoria iba a ser Suya. Porque Ella, señoras y señores (todos en pie, por favor) Ella es el Atlético de Madrid.
GRACIAS AFICIÓN.
GRACIAS AMIGOS.
¡FORZA ATLETI!
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Esta crónica va dedicada a la memoria de José Tomás Cobeño Torrego, aficionado del Atlético, fallecido en Barcelona durante el partido. Un abrazo muy fuerte para su mujer y sus dos hijos.
Descanse En Paz.